miércoles, 30 de mayo de 2018

Presentación en Oviedo, por Yasmina Álvarez

Yasmina Álvarez es actriz y profesora. En la imagen, lee un poema de Vengo del Norte.
¡Gracias, Yasmina!


Una presentación acariciada por largo tiempo la de Diccionario de Mitos Clásicos en la Librería Cervantes de Oviedo. Un sueño gestado por Aurelio González Ovies y yo de orilla a orilla, con el Atlántico de por medio, resultó en un libro ilustrado bellamente por Amanda Mijangos y editado por El Naranjo. 
Recibido con los brazos abiertos por la librería asturiana y presentado al mismo tiempo que la edición del FCE de Vengo del Norte, brilló como una joya gracias a las palabras que la bella y talentosa Yasmina Álvarez le dedicó. Palabras pronunciadas desde la sensibilidad y el conocimiento que la joven actriz y profesora asturiana posee tanto del mundo clásico como de la poética de Aurelio González Ovies.  Aquí las reproduzco gracias a su generosidad y desde ahora y para siempre con ella, quedo maravillada y agradecida.


Diccionario de Mitos Clásicos.
María García Esperón – Aurelio González Ovies –
 Amanda Mijangos (ilustraciones)
Foro Abierto, Librería Cervantes, 16 de abril de 2018


Seguramente cuando Aurelio pensó en invitarme a presentar este Diccionario de Mitos Clásicos, cosa que le agradezco desde ya y para siempre, se estaba acordando de mi primer intento de tesis doctoral, hace ya unos cuantos años. Aquel en el que nos planteábamos como objetivo analizar la presencia del mito en la obra de un reconocido autor de teatro asturiano. Si hubiera seguido aquel camino, querido Aurelio, sin duda hoy mi presencia aquí tendría mucho más sentido…Y probablemente también mi vida. Pero debo confesarlo aquí y ahora, antes de que sea demasiado tarde: a pesar de mi pasado y presente filológico y a pesar de haber asistido a clase –porque yo asistir, asistía –con grandes profesores en esto del mundo clásico…
–que alguno tuve. Y de los buenos…–
debo confesar, decía, que la mitología ha sido siempre para mí una materia de difícil acceso. Y no ha sido nunca por falta de interés. Ni tampoco por falta de literatura a respecto. Ni siquiera por falta de amigos entregados al asunto…
 –que alguno tengo. Y de los buenos…–.
Soy plenamente consciente de la importancia que la mitología clásica ha tenido y tiene para el ser humano, y de su vigencia en nuestro presente. ¿Cómo podríamos entender nuestros sueños, nuestros miedos, nuestras incertidumbres… en fin, cómo podríamos entendernos, explicarnos a nosotros mismos, sin los mitos? ¿Podríamos siquiera ser capaces de entender el Mundo y tantas de las palabras que lo conforman? Y no me refiero a ese MUNDO que se escribe con mayúsculas…
A ese ya no hay quien lo entienda y tiene, además, mal arreglo. Me refiero al pequeño, al nuestro, al de cada día. Ese que hace florecer la belleza de las anémonas y de los narcisos; ese que nos permite, si así lo deseamos, saborear el néctar que se esconde en las pequeñas cosas de la vida; ese que castiga tantas veces y en tantos lugares y a tantos hombres con el peor tifón de los posibles; ese en el que siempre existe una manzana de la discordia que nos separa y en el que sobrevivir es para muchos una auténtica odisea; ese en el que algunos pagan por saber qué les depara el destino; ese que nos obliga, si queremos salir adelante, a ocultar a los otros nuestro talón de Aquiles; ese en el que, lo vemos a diario en los periódicos, siempre hay alguien empeñado en abrir la caja de Pandora, en impedir que vivamos en completa armonía…
No sé si ha sido por el entramado genealógico de dioses y héroes, o la duplicidad de nombres según la tradición de origen, o la variedad de símbolos asociados a las deidades, o la complejidad narrativa de algunas historias… pero el caso es que la mitología clásica se me ha vuelto más de una vez hermética –de nuevo un dios, esta vez Hermes, haciendo de las suyas…–y muchas veces me he dado por vencida al acercarme a ella.

Pero esta es una reflexión que no me había planteado hasta que tuve delante este Diccionario que presentan hoy María y Aurelio. No fui consciente hasta que lo abrí y me acerqué a sus páginas o, mejor, hasta que me asomé a la delicada cerámica de arcilla ateniense que Amanda Mijangos, alfarera de la ilustración, pone ante nosotros en forma de hermosas figuras negras, amarillas,
blancas…
En esta particular ánfora, me encontré con una estructura clara que desde el principio nos orientasobre la tradición, griega o romana, de la que proviene cada historia; nos regala un poema que nos mete en situación y que condensa a la perfección la naturaleza de cada protagonista.
Al reflejarse en el agua Narciso quiso abrazarse, pero un reflejo, al tocarlo, se remueve y se dehace. Fue tan grande su tristeza y tan hondo su dolor, que a la orilla del arroyo quedó convertido en flor.
Nos cuenta la propia historia a través de un lenguaje sencillo, que sin embargo no pierde jamás la esencia narrativa de cada mito. Y, finalmente, nos ofrece una muy práctica guía de equivalencias que, para siempre, nos servirá para no perdernos por esos largos caminos que el tiempo tejió entre ambas culturas. Un libro, en conjunto, apto para lectores de 0 a 99 años. Es decir: pueden ustedes leérselo a sus hijos o a sus nietos cada día; pueden también regalárselo para que sean ellos mismos quienes disfruten a solas de su lectura. Y pueden, por supuesto, disfrutar ustedes como he hecho yo desde que lo tuve en mis manos. Se trata de un diccionario, sí, pero sobre todo se trata de una colección de hermosos poemas y relatos que, no por ser ya conocidos, dejan de emocionar, sorprender y de ser una manera de seguir conociéndonos a nosotros mismos. Hoy, por tanto, debemos sonreír, como lo hace siempre el dulce Baco. Hoy la hermosa y larga cabellera de Berenice se ha alineado para que nos reunamos aquí, en torno a la palabra nuevamente, para que estrechemos nuestras manos y nos felicitemos… Porque estamos, realmente, de enhorabuena. Gracias, María. Gracias, Aurelio. Gracias también a Amanda. Te recuerdo, por supuesto. Gracias a los tres y a Ediciones El Naranjo por este
Diccionario ya imprescindible en la mesita de noche de muchos de nosotros. Se lo habéis puesto muy difícil a Morfeo.